DETRÁS DEL VIAJE DE LAS VASIJAS. Historias recuperadas de una casona limeña

Las excavaciones realizadas por el SAIRA en la Casa O’Higgins ilustran, a partir del hallazgo de botijas y fragmentaría de vajilla inglesa, el valor del estudio de la cultura material colonial y republicana para entender dos aspectos de la vida cotidiana en la ciudad de Lima: el comercio y el consumo durante los siglos XVIII y XIX.

Por un lado, las botijas nos hablan de la relación de la ciudad de Lima con las haciendas de la costa productoras de aguardiente y vino durante el virreinato. Por otro lado, la vajilla inglesa nos habla de la relación del Perú con el mundo a través del comercio de bienes de prestigio. De este modo se fueron estableciendo relaciones de interdependencia dirigidas al abastecimiento y adquisición de bienes y productos a nivel local e internacional.

El aguardiente y el vino se transportaban en botijas para el consumo de estas bebidas en pulperías y en los hogares de la ciudad. El uso de estos recipientes aseguraba la calidad del producto y su durabilidad.

La vajilla inglesa, además de su uso práctico, otorgaba a sus usuarios un estatus de poder simbólico que iba acorde a sus oficios y a sus actividades sociales.

Con el paso del tiempo estas vasijas, tanto las botijas como la vajilla, entraron en desuso, y fueron utilizadas como parte de los rellenos arquitectónicos en las remodelaciones de esta casona.

Así pues, el viaje de estas vasijas se inició con su manufactura en las haciendas coloniales o en las fábricas europeas. Dadas sus distintas características formales y valoraciones, tuvieron diferentes usos. Sin embargo, ambas terminaron en los rellenos de construcción de esta casona limeña, lo que significó el fin de su viaje.

La casona

La primera sede del Museo de Arqueología Josefina Ramos de Cox fue la casona ubicada en la cuadra 5 del Jirón de la Unión, conocida como Casa O’Higgins. A lo largo de su existencia esta casona tuvo 3 importantes remodelaciones. 

El solar donde se ubicaba la casona data desde la fundación de la ciudad de Lima y tuvo como primer propietario al capitán Don Juan de Villalobos. En 1781, luego de haber tenido varios propietarios, pasó a manos de las hermanas Ramírez de Arellano y Baquíjano, antepasados de José de la Riva Agüero y Osma. Posteriormente, entre los años 1830 y 1842, esta fue alquilada a Bernardo O’Higgins durante su estancia en el Perú. 

En la segunda mitad del siglo XIX la casa fue alquilada a distintas instituciones, entre las que destacan el Club Nacional y el Banco Internacional del Perú. Este último modificaría por completo la estructura y la estética de la vivienda.

En 1944, José de la Riva-Agüero y Osma dona la propiedad a la Pontificia Universidad Católica del Perú. Los trabajos de recuperación en la casona, en 1994 y 2006, incluyeron excavaciones arqueológicas, las cuales descubrieron varios tipos de vestigios domésticos debajo del antiguo patio principal de la casa y en el área de servicio. 

Debajo del patio empedrado se encontró loza inglesa de inicios del siglo XIX y otros elementos de importación. Al pie de lo que fue la cocina de la casona durante la Colonia, se encontraron cinco vasijas de cerámica enteras y otras fragmentadas, cuya forma y tamaño nos remiten a las botijas de aguardiente y vino del siglo XVIII.

Ambos hallazgos nos permiten viajar en el tiempo y reconstruir la cadena de actividades económicas y sociales que realizaron los habitantes de la casona en diferentes momentos históricos.

Detrás de las botijas de aguardiente

Desde el siglo XVI, las botijas fueron usadas para almacenar y transportar vino a las áreas urbanas. Sin embargo, el consumo de aguardiente fue desplazando a los vinos, teniendo su mayor auge en el siglo XVIII.

Las botijas eran de dos tamaños, las más grandes fueron utilizadas para la fermentación y las más pequeñas para el transporte. Estas últimas, también llamadas piruleras y posteriormente pisqueras, fueron encontradas en la casona. 

Para soportar el proceso el almacenamiento y transporte de estas bebidas, las botijas de cerámica fueron cocidas a altas temperaturas y diseñadas con paredes de un grosor determinado. Asimismo, su interior fue recubierto con ceras de abeja y breas para impermeabilizarlas.

La demanda por aguardiente, particularmente en espacios urbanos como Lima y otros lugares del virreinato, estimuló la plantación de viñedos en los valles de los actuales departamentos de Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna. Por razones de cercanía, fueron las haciendas ubicadas entre Pisco y Nazca las que orientaron la comercialización de sus productos hacia Lima. 

Miles de botijas se embarcaban desde el puerto de Pisco hasta el Callao. Desde allí, se trasladaban a las bodegas ubicadas en Bellavista, para luego llevarlas en recuas de mulas a la ciudad de Lima. Este debió haber sido el recorrido que siguieron las botijas que se encontraron en la casona y que sirvieron para el consumo de sus habitantes. 

En la penúltima remodelación de la casona, a fines del siglo XVIII, las botijas se dejaron de utilizar y se emplearon como relleno arquitectónico para consolidar los pisos en los niveles superiores.

Botija
Siglos XVIII-XIX
Casa O’Higgins
Código: I-07826

Botija
Siglos XVIII-XIX
Casa O’Higgins
Código: I-07827

Fragmentos de botija
Siglos XVIII-XIX
Casa O’Higgins
Código: Varios

Detrás de la vajilla inglesa

Con el nacimiento de la República del Perú se dieron cambios en las costumbres, en la fisonomía de la ciudad, de colonial a una urbe moderna, y en el consumo de ropa y utensilios domésticos novedosos y acordes a las tendencias de la primera mitad del siglo XIX.

La producción manufacturera destinada al mercado mundial estaba dirigida, en aquellos años, por Gran Bretaña. La vajilla de loza de Staffordshire, en Inglaterra, se convierte en la favorita de los sectores medios emergentes y de la población inmigrante de procedencia europea, establecidos en las ciudades de la costa peruana entre las décadas de 1830 y 1840.

En la última remodelación de la casa O’Higgins, a fines del siglo XIX, el patio exterior se redujo para ampliar la sala principal. Durante las excavaciones del SAIRA, en 1994, se encontró, debajo de este patio empedrado, bolsones de cientos de fragmentos de vajilla de loza inglesa, correspondientes a platos, tazones y tazas, entre otros.

La procedencia y modelo de la vajilla encontrada en la casona es de la fábrica Davenport en Staffordshire, manufacturada entre los años de 1810 y 1820. La loza fina fabricada por los hermanos John y William Davenport tuvo gran difusión dentro y fuera de Inglaterra entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Esta loza se caracterizó por ser de uso masivo, hecha de pasta de buena calidad, y decorada con diseños de paisajes orientales (estilo Erika) y europeos (estilo Muletter) en color azul. Estos estilos decorativos son una reminiscencia de la porcelana china, muy conocida y difundida en Europa por los comerciantes ingleses desde el siglo XVII.

Bacín de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00317

Tazón de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00331

Plato hondo de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00338

Plato de postre de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00369

Tazón de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00343

Tazón de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00363

Plato de postre de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00366

Taza de té de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00357

Plato de postre de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00368

Taza de loza
Siglo XIX
Casa O’Higgins
Código: I-00377